Síntesis de la Eucaristía J. M. Iraburu

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Exposición sintética pero muy bien realizada sobre el tesoro del sacramento de la Eucaristía.
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   José María Iraburu   1 Siglas Catecismo  = Catecismo de la Iglesia Católica , 1992. Código  = Código de Derecho Canónico , 1983. Dominicae Coenae  = Carta de Juan Pablo II, 1980. Denz  = Enchiridion Symbolorum , Denzinger-Schönmetzer. Eucharisticum mysterium  = Instrucción S. C. Ritos, 1967.MG = Patrologia graeca , J. P. Migne.ML =  Patrologia latina , J. P. Migne.  Mysterium fidei  = encíclica de Pablo VI, 1965.OGMR = Ordenación general del Misal Romano , 1969.PE = Plegaria eucarística.SC = Sacrosanctum Concilium , constitución del Vaticano II, 1963. STh = Summa Theologica , Santo Tomás de Aquino. Bibliografía  JUNGMANN, J.A., El sacrificio de la Misa , Madrid, BAC 68, 1959 3 .LECUYER, J., El sacrificio de la Nueva Alianza , Barcelona, Herder 1969.PARDO, A., Liturgia de la eucaristía. Selección de documentos posconciliares , coedit. Li- bros de la Comunidad 1981.RIVERA, J. - IRABURU, J. M., Síntesis de espiritualidad católica , Pamplona, FundaciónGRATIS DATE 1994 4 .SAYÉS, J.A., La presencia real de Cristo en la eucaristía , Madrid, BAC 386, 1976. – El mis-terio eucarístico , ib.  482, 1986. – La eucaristía , Madrid, EDAPOR 1981.SOLANO, J., Textos eucarísticos primitivos  I-II, Madrid, BAC 88 y 118, 1978 y 1979.SUSTAETA, J.M.,  Misal y eucaristía , Valencia, Fac. Teología, 1979.VELADO GRAÑA, B., Vivamos la santa Misa , Madrid, BAC pop. 1986  José María Iraburu Síntesis de la Eucaristía Fundación Gratis DatePamplona 2001, 2ª ed.  Síntesis de la Eucaristía 2 tal manera, que en cierto modo éstos se noshacen presentes. Así pues, todas las demásacciones sagradas y cualesquiera obras dela vida cristiana se relacionan con ella, pro-ceden de ella y a ella se ordenan» (OGMR1). Ignorancia de la misa Hay que reconocer, sin embargo,que, a pesar de esa centralidad indu-dable, son pocos los cristianos que tie-nen acerca de la eucaristía un conoci-miento de fe suficiente .Y esa ignorancia litúrgica viene delejos. La Iglesia de nuestros padres yantepasados –que en tantas cosas, sisomos humildes, se nos muestra aho-ra admirable–, padecía, sin embargo, notables ignorancias en materia de litur- gia.  Todavía hoy, los cristianos de ma-yor edad saben que, cuando eran ni-ños o muchachos, era normal que du-rante la misa se rezara el rosario, o sehicieran desde el púlpito novenas ypredicaciones morales, que sólo cesa- ban durante el tiempo de la consagra-ción, para seguir después. Recuerdantambién las misas de comunión gene-ral o aquellas especialmente solemnes,que se celebraban ante la Custodia ex-puesta. En alguna ocasión habrían vis-to cómo en una misma iglesia, en dis- Introducción Centralidad de la eucaristía:fuente y cumbre La Iglesia siempre ha comprendidoque su centro  vivificante está en la eu-caristía, que hace presente a Cristo,continuamente, en el sacrificiopascual de la redención. En la santamisa, el mismo Autor de la gracia semanifiesta y se da a los fieles, santifi-cándoles y comunicándoles su Espíri-tu. El Vaticano II afirma por eso converdadera insistencia que la eucaristíaes «fuente y cumbre de toda la vida cris-tiana » (LG 11a; +CD 30f; PO 5bc, 6e;UR 6e). Ella es, secretamente, comodecía Pablo VI, « el corazón » de la vidade la Iglesia (  Mysterium fidei ). Comola sangre fluye a todo el cuerpo desdeel corazón, así del Corazón de Cristoen la eucaristía fluye la gracia a todoslos miembros de su cuerpo. «La celebración de la misa –afirma la Or-denación general del Misal Romano –, comoacción de Cristo y del Pueblo de Dios or-denado jerárquicamente, es el centro de todala vida cristiana  para la Iglesia universal ylocal y para todos los fieles individualmen-te, ya que en ella se culmina la acción conque Dios santifica en Cristo al mundo y elculto que los hombres tributan al Padre,adorándole por medio de Cristo, Hijo deDios. En ella, además, se recuerdan a lo lar-go del año los misterios de la redención de   José María Iraburu   3 tintos altares laterales, varios sacerdo-tes solos celebraban diversas misas. Oes posible que recuerden cómo su pá-rroco, a primera hora del día, rezabacompleto el Oficio Divino, para que-dar ya libre de él durante toda la jor-nada... ¿Cómo pudo la Iglesia, incluso en excelen-tes cristianos, ir derivando en su vida litúrgi-ca a situaciones tan anómalas?  Son muchasy graves las causas, pero aquí sóla-menteseñalaremos una. La capacidad de los fie-les para comprender y participar activa-mente en los sagrados misterios va dismi-nuyendo , más o menos desde el Renaci-miento, a medida que  va creciendo  en la es-piritualidad del Occidente cristiano unvoluntarismo de corte semipelagiano. Laclave de la santificación, entonces, no estátanto en la gratuidad de la liturgia sino enel esfuerzo de la ascética. Y en ésta es, du-rante los últimos siglos, donde centran suatención los autores espirituales. Renovación litúrgica En este sentido, la renovación litúr- gica impulsada por el Vaticano II es undon inmenso del Espíritu Santo a la Igle-sia actual . Es una gracia de cuya mag-nitud quizá no nos hemos dado cuen-ta todavía. Esta renovación, iniciadaun siglo antes, no sólamente  ha verifi-cado los ritos  litúrgicos en muchos as-pectos, devolviéndoles su sencillez ysu genuino sentido, sino que, sobretodo, ha impulsado la renovación espi-ritual  litúrgica del mismo pueblo cris-tiano. En efecto, el concilio Vaticano IIexhorta con insistencia a una renova-da catequesis litúrgica  –que, por otraparte, es imposible sin una simultánea catequesis bíblica  (SC 41-46)–, especial-mente en lo referente a la eucaristía.Todos debemos ser muy conscientesde que la mejor formación espiritualcristiana está en aprender a participar plenamente de la eucaristía. En efecto, «la Iglesia, con solícito cuidado, procuraque los cristianos no asistan a este misteriode fe como extraños y mudos espectado-res, sino que, comprendiéndolo bien a tra-vés de los ritos y oraciones,  participen cons-ciente, piadosa y activamente  en la acción sa-grada, sean instruídos con la Palabra deDios, se fortalezcan en la mesa del Señor,den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse así mismos al ofrecer la hostia inmaculadano sólo por manos del sacerdote, sino jun-tamente con él; se perfeccionen día a díapor Cristo Mediador en la unión con Diosy entre sí» (SC 48). Es honrado comprobar, sin embar-go, que esta renovación de los fieles entemas litúrgicos no se ha producido sinomuy escasamente . Todavía la mayorparte de los cristianos de hoy apenasentiende nada de lo que en la liturgia,concretamente en la eucaristía, se estácelebrando. Los mayores  –que ya ve-nían, si vale la expresión, mal-forma-dos –, porque apenas han recibido enestos decenios el complemento nece-sario de catequesis litúrgica que hu- bieran necesitado; y los más  jóvenes ,porque han tenido que sufrir cateque-sis escasamente religiosas, excesiva-mente éticas, muy poco capaces de re-velar el mundo formidable de la gra-cia en la liturgia. Y así, unos y otros,aunque sean practicantes –para quédecir de los que no lo son–, entran  congran dificultad en las acciones sagra-das de la misa; las siguen de lejos, conno pocas distracciones, tan devota-mente como pueden, pero sin facili-dad alguna para  participar  en ellas ac-tiva y conscientemente. Y no pocossufren la mala conciencia de aburrir-se durante la celebración de algo quesaben tan santo...  Síntesis de la Eucaristía 4 Llamada a los asiduos de la misa Los cristianos fieles conocen la eu-caristía, ciertamente, entienden en lafe lo principal del misterio litúrgico:que allí está Cristo santificando másintensamente que en ningún otro mo-mento. Y por eso acuden a la misa condevoción, y perseveran años y añosen esa asistencia. Buscan a Cristo en laeucaristía con sincero corazón, y allí leencuentran. Esto es indudable.Pero ellos mismos confiesan con fre-cuencia que tienen grandes dificultadeshabituales para seguir atentamente lamisa , para participar en todos y cadauno de sus momentos sagrados confácil y activa devoción... Muy pocosde ellos, si son padres, están en con-diciones de «explicar a su hijo» la san-ta misa. No es raro, pues, que el hijola vaya abandonando, y diga comoexcusa: «la misa no me dice nada». Yaún podría alegar: «¿Y cómo la podréentender, si nadie me la explica?»(Hch 8,31). Y el padre, a su vez podríadecir: «¿Y cómo podré explicar a mihijo lo que yo mismo apenas entien-do?»...En la eucaristía, es evidente, debe-mos procurar que la mente esté aten-ta a las palabras y acciones de la cele- bración. Pero tantas veces esto no seda. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que,incluso en personas de buen espíritu,sea  más frecuente en la misa la distrac-ción que la atención ? Si en la misa se di-cen cosas tan grandiosas y bellas, tanformidables y estimulantes, y despuésde todo tan sencillas, ¿cómo es quetantos fieles no logran habitualmente decirlas , interior o vocalmente, consincero y entusiasta corazón? ¿Porqué algo tan fácil resulta a tantos tandifícil?Pues, sencillamente, porque  muchoscristianos no entienden suficientementeel acto litúrgico en el que, con su mejorvoluntad, están participando . No es quetengan el corazón «lejos del Señor»,no. Muchas veces, en ese mismo mo-mento, estarán pensando en Él, supli-cándole y alabándole. Lo que ocurre esque, psicológicamente, viene a ser enla práctica  imposible   atender sin enten-der . No es posible mantener la aten-ción en palabras y gestos cuya signi-ficación en gran parte se ignora. El sacerdote, por ejemplo, dice: «Orad,hermanos»... Y el pueblo responde: «El Se-ñor reciba de tus manos este sacrificio, paraalabanza y gloria de su nombre, para nues-tro bien y el de toda su santa Iglesia». ¿Porqué, tantas veces, esa respuesta tan hermo-sa viene dada por el pueblo sin atención niintensidad? Pues porque muchos fieles ape-nas saben que la eucaristía es realmente elsacrificio de la Nueva Alianza ; porque no sonsuficientemente conscientes de que la ala-banza y glorificación  de Dios es el fin primor-dial de la Iglesia; porque apenas saben queestán en la eucaristía para procurar el biende la santa Iglesia , y no solo el bien perso-nal propio... Para ser más exactos: todo esolo saben por la fe, pero, por falta de forma-ción bíblica y litúrgica, no lo tienen actua-lizado mental y afectivamente de un modosuficiente. Es, pues, conveniente y necesariohacer sobre tan grave tema un exa-men humilde de conciencia. ¿Será po-sible que un cristiano asiduo a la euca-ristía  emplee cientos y miles de horasen leer los diarios o en desentrañar las Instrucciones  que acompañan a sus or-denadores y máquinas domésticas, oque van referidas a tantas otras acti-vidades necesarias o superfluas, y queapenas haya dedicado en su vida un
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