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Los valores desde las principales teorías axiológicas: Cualidades apriorísticas e independientes de las cosas y los actos humanos

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, pp ISSN , Depósito legal pp: me336 Los valores desde las principales teorías axiológicas: Cualidades apriorísticas e independientes de las cosas y los actos humanos Values from the principal axiological theories: A priori and independent qualities of things and human acts Cristina Seijo * Recibido: 07/05/09, Revisado: 22/10/09, Aceptado: 30/10/09 Código JEL: H80, H89, O10 Resumen En el marco de las preocupaciones actuales en torno a la reforma y la modernización administrativa, los valores desde las principales teorías axiológicas (cualidades apriorísticas e independientes de las cosas y los actos humanos) constituye una perspectiva subjetivista, la cual parte de la idea que es el sujeto quien otorga valor a las cosas. En este sentido, el sujeto no puede ser ajeno a las valoraciones y la existencia de su valor sólo es posible en las distintas reacciones que en el sujeto se produzcan. Las cosas por tanto no son valiosas en si mismas; es el ser humano quien crea el valor con su valoración, de allí surge la motivación de realizar la presente investigación. El sustento teórico está basado en los contenidos de Muñoz (1998), Frondizi (2001), Marín (1976), Gervilla (2003), entre otros, realizándose bajo un enfoque simbólico interpretativo, a través de una metodología cualitativa, de tipo descriptiva y diseño no experimental, mediante un análisis documental. En la Gerencia postmoderna se plantea la necesidad de integrar los valores de la convivencia democrática con los valores institucionales. Así, en el marco de una ética de la administración postmoderna, los valores democráticos conforman el eje de esta última y se convierten en una propuesta orientadora para la consecución del bien común. Palabras clave: Teorías axiológicas, cualidades apriorísticas, perspectiva subjetivista. * Abogada, especialista en Recursos Humanos, Magíster en Gerencia de Recursos Humanos, Doctora en Ciencias Gerenciales, Postdoctora en Gerencia de las Organizaciones, Post Doctora en Gerencia de la Educación Superior. Centro de Investigación de Ciencias Administrativas y Gerenciales de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE), Centro de Investigación de Postgrado de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA). Correo electrónico: 145 Cristina Seijo Abstract In the framework of current concerns around reform and administration modernization, values from the main axiological theories (aprioristic qualities and independence of things and human acts) constitutes a subjective approach that departs from the idea that it is the human being, the subject, who assigns values to things. In this direction, the subject cannot be a different entity from valuations and the existence of valuations is only possible on the different human being reactions. Things do not have value by themselves; it is the human being who creates value with her valuations and it is from this that the motivation for this research is born. The theoretical framework of this paper rests on the works of Muñoz (1998), Frondizi (2001), and Marín (1976), amongst others, and under a interpretative symbolic approach by means of a qualitatively, descriptive, no experimental, and documentary analysis. In postmodern management, it is stablished the need of integrating values from democracy with institutional values. Thus, in the framework of etics of postmodern administration, democracy values comform the center of this last one and turn themselves into a guiding approach for the reaching of society s well being. Key words: Axiological theories, aprioristic qualities, subjectivist view. 1. Introducción El desarrollo humano es un enfoque alternativo que trata de orientar las estrategias y las políticas de desarrollo enfatizando que el fin del desarrollo es la gente. Las oportunidades que valoran los seres humanos son infinitas y cambian a través del tiempo. Sin embargo, independientemente del nivel de desarrollo que tenga un país, las tres oportunidades esenciales para la gente son: a) disfrutar de una vida prolongada y saludable; b) adquirir conocimientos; y c) tener acceso a recursos e ingresos suficientes para mantener un nivel de vida decente. Así el objetivo básico del desarrollo humano es el de generar un ambiente adecuado para que los seres humanos disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Esto lleva a anticipar que un país con rápido crecimiento económico y lento desarrollo humano no logrará mantener su nivel de actividad económica y acelerar su desarrollo humano. De manera que el diseño de política económica debe ocurrir en un contexto de consistencia temporal y sostenibilidad. Según Sen (1998), cabe preguntar si el hecho de reconocer la importancia del capital humano ayudará a comprender la relevancia de los seres humanos en el proceso de desarrollo. Si en última instancia 146 Los valores desde las principales teorías axiológicas, pp se considerara el desarrollo como la ampliación de la capacidad de la población para realizar actividades elegidas libremente y valoradas, sería del todo inapropiado ensalzar los seres humanos como instrumentos del desarrollo económico. No obstante, surge el imperativo de formar líderes humanos centrados en valores, capaces de fomentar una acción administrativa enfocada en relaciones de cooperación y centradas en la credibilidad, orientando políticas públicas a la satisfacción de los intereses, necesidades y expectativas de ese ciudadano como valor emergente que garantice la construcción de consensos entre los actores involucrados. Es necesario, por tanto, recordar que las organizaciones se componen de personas, pero también que en ellas existe un procedimiento aceptado, más o menos explícito, a través del cual se toman las decisiones, de suerte que el responsable de las decisiones tomadas no es cada uno de los miembros de la organización, sino ésta en su conjunto. Así, la estructura de la organización le dota de rasgos esenciales para considerarla un agente ético-competitivo; tales rasgos forman parte de su cultura organizacional y la definen como organización humana. En virtud de ello, surge la necesidad de abordar una reflexión sobre la necesidad de vincular los valores desde las principales teorías axiológicas: cualidades apriorísticas e independientes de las cosas y los actos humanos. 2. Los valores desde las principales teorías axiológicas 2.1 El subjetivismo axiológico Desde la perspectiva subjetivista se parte de la idea que es el sujeto quien otorga valor a las cosas. Éste no puede ser ajeno a las valoraciones y su existencia sólo es posible en las distintas reacciones que en el sujeto se produzcan. Las cosas por tanto no son valiosas en sí mismas; es el ser humano quien crea el valor con su valoración. Las tesis subjetivistas, según Muñoz (1998), parten de una interpretación psicologista en la medida que presuponen que el valor 147 Cristina Seijo depende y se fundamenta en el sujeto que valora: así desde estas posiciones teóricas, el valor se ha identificado con algún hecho o estado psicológico. Esta visión subjetivista admite además que todo valor depende de la aceptación de un grupo social, de forma que algo se define como bueno, malo, en función de la valoración que le otorga el grupo social mayoritario. Aunque desde esta teoría existe consenso en estos planteamientos, se va a producir una división de opiniones en cuanto hay que definir el valor como una experiencia subjetiva o como una idea. Los principales representantes de la concepción del valor como una experiencia subjetiva surgen de la Escuela Austríaca y de Praga, entre los que destacan Medina (1999) y Reyero (2001). Desde los planteamientos de Alexius Medina (1999) algo tiene valor si nos agrada y en el nivel de agrado, atendiendo a factores de carácter psicológico. Según Frondizi (2001, p. 54), esta interpretación subjetivista va a definir el valor como un estado subjetivo de orden sentimental que hace referencia al objeto, en cuanto éste posee la capacidad de suministrar una base efectiva a un sentimiento de valor. El valor, por tanto, no se encuentra en el objeto, el origen y fundamento de los valores; está en el sujeto que valora. Así, las cosas adquieren valor por el interés que suscita y éste está determinado por lo que nos agrada. Siguiendo los mismos planteamientos psicológicos de la teoría subjetivista, Reyero (2001) cuestiona y matiza la teoría de su maestro defendiendo la idea que el valor no sólo tiene relación con un sentimiento de agrado o desagrado ante un estímulo, sino que surge y se fundamenta en el deseo y apetito por los objetos. Para Reyero (2001), las cosas son valiosas porque las deseamos y apetecemos y, en este sentido, el valor se relaciona tanto con lo existente como con el objeto ausente o inexistente. Dentro del subjetivismo axiológico surge la la Escuela Neokantiana, otra forma de interpretación de la naturaleza subjetiva de los valores. Desde esta corriente, se va a considerar el valor ante todo como una idea. Para los partidarios de esta teoría, las ideas tienen un papel más 148 Los valores desde las principales teorías axiológicas, pp importante que los estados de placer o de dolor en la conducta. No se puede valorar un acto, un objeto, si no se posee la idea que se refiere a ello. No se trata de nuestras reacciones personales, subjetivas, sino de nuestras ideas, y no de las particulares de cada cual, sino de las que rigen el pensamiento de todos los hombres. Con ellas hay que contar para saber lo que es valioso o no (Marín, 1976, p. 15). Según Gervilla (1988, p. 30), los partidarios de estos planteamientos neokantianos, van a definir el valor como una pura categoría mental, una forma subjetiva a priori del espíritu humano, sin más contenido que aquel que le presta la estructura formal de la mente, una idea dependiente del pensamiento colectivo humano. 2.2 Objetivismo axiológico Desde el objetivismo axiológico, en oposición al subjetivismo, se considera el valor desligado de la experiencia individual. Esta postura, según Frondizi (2001, p. 107) surge como reacción contra el relativismo implícito en la interpretación subjetivista y la necesidad de hacer pie en un orden moral estable. Para los objetivistas, es el hombre quien descubre el valor de las cosas. Al igual que ocurrió en del subjetivismo axiológico, entre los partidarios del objetivismo se van a fraguar dos perspectivas distintas a la hora de concebir la naturaleza de los valores; una defenderá el valor como ideal (escuela fenomenológica) y otra como real (perspectiva realista). La escuela fenomenológica parte del supuesto de que el valor, aunque objetivo, es ideal, le otorga una independencia total respecto al sujeto sosteniendo que los valores no son ni reacciones subjetivas ante los objetos, ni formas apriorísticas de la razón. Son objetos ideales, objetivos, en virtud que valen independientemente de las cosas y de la valoración objetiva de las personas. Los valores van a tener valor por sí mismos al margen de cualquier realidad física o psíquica. Es el ser humano quien lo capta a través de su experiencia sensible. Como principal defensor de estos planteamientos se encuentra Méndez (2001) para quien los valores son cualidades independientes 149 Cristina Seijo de las cosas y actos humanos. En este sentido, son cualidades valiosas que no varían con las cosas; el valor de la amistad no resulta afectado porque mi amigo demuestre falsía y me traicione. Aunque nunca se hubiera juzgado que el asesinato es malo, el asesinato hubiera continuado siendo malo y aunque el bien nunca hubiera valido como bueno sería, no obstante, bueno. Con este ejemplo, el autor pretende defender la inmutabilidad, absolutismo e independencia de los valores delegando, a su vez, lo relativo del valor al conocimiento humano. Como principales ideas de la teoría de Méndez (2001) en torno a la naturaleza de los valores, se plantean las siguientes: Los valores son cualidades apriorísticas e independientes de las cosas y los actos humanos. Por tanto no varían. Los valores son absolutos, al no estar condicionados por ningún hecho independiente de su naturaleza histórica, social, biológica o puramente individual. El conocimiento de las personas de los valores es lo relativo, no los valores en sí. Como se ha indicado anteriormente, en el objetivismo axiológico no todos van a concebir el valor como una cualidad ideal o irreal. En oposición a la perspectiva fenomenológica se encuentra el realismo axiológico. Desde el realismo se defiende el valor como una realidad. Se consideran los valores como reales e identificados con el ser. El valor sólo existe en lo real. Partiendo que todo lo real es valioso se puede afirmar que todo vale, aunque no todo tiene el mismo valor. Los entes con valor se concebirán desde este enfoque como bienes. De un modo u otro, el realismo hace coincidir el valor con lo real. El valor se encuentra en todo lo que nos rodea, por ejemplo: la belleza aunque ideal se manifiesta y se realiza en lo existente (Marín, 1993). Los interrogantes y objeciones que siguen surgiendo desde cada una de las posturas anteriores en la determinación de la naturaleza de los valores muestran la complejidad del problema. Ni el subjetivismo ni el objetivismo axiológico han sido capaces de proporcionar argumentos que engloben todas las características atribuibles a los valores. 150 Los valores desde las principales teorías axiológicas, pp Ante este debate, surge como alternativa otra nueva perspectiva que integrará las bondades de cada una de las corrientes anteriores, como vía para la superación de la polémica subjetivismo-objetivismo. 3. Características de los valores Para un mayor conocimiento de la naturaleza de los valores se presentan a continuación sus características fundamentales. Las más relevantes son las que hacen referencia a polaridad, gradación, infinitud: Polaridad: Los valores se van a manifestar desdoblados en un valor positivo y en un valor negativo, en valores y antivalores. Todos los valores van a tener su correspondiente antivalor (bueno-malo, justoinjusto, salud-enfermedad, sabiduría-ignorancia). Por su naturaleza, los valores siempre van a ser deseados y aspirados por todos gracias a los beneficios que les reporta, ya sea placer, necesidad, deber. En cambio, los antivalores van a ser rechazados, por suponer carencias o perjuicios. Frondizi (2001) apunta al respecto que la ausencia de un valor no implica la existencia de su correspondiente antivalor. El antivalor existe por si mismo y no por consecuencia del valor positivo. Gradación: La gradación es la característica de los valores que hace referencia a la intensidad o fuerza que posee o se presenta un valor o un antivalor. No todos los valores o antivalores van a valer lo mismo. Esta característica se encuentra íntimamente relacionada con la polaridad e interviene además en la construcción de la jerarquía. Infinitud: Esta propiedad del valor está totalmente relacionada con su dimensión ideal en virtud que los valores suelen ser finalidades que nunca llegan a alcanzarse del todo. En este sentido, Gervilla (2003), en el caso de los valores, considera que el ser humano siempre va a aspirar a más. Bajo distintas nomenclaturas pluralidad de realidades valiosas se hace presente en la vida individual 151 Cristina Seijo de las personas como aspiración y conquista, siempre inacabadas del bien. 4. Clasificación de los valores Debido a su diversidad, los valores pueden ser clasificados desde varios puntos de referencia. Uno de los aspectos que dan paso a esta característica de los valores es la relacionada con su análisis y estudio. La clasificación o categorización proporciona una panorámica de los valores y permite situar y comprender las conductas individuales y colectivas de un momento histórico concreto. Además, la necesidad de la clasificación se hace realmente patente a la hora de examinar la educación, en especial en relación con el establecimiento de unos objetivos. En este sentido, cada una de las clasificaciones que han diseñado los axiólogos e investigadores están influenciadas por la concepción de valor que defienden aunque, como lo establece Marín (1993), pensadores que, curiosamente y pese a sus concepciones profundamente diferentes, subrayan coincidencias fundamentales que permiten un lenguaje común y un buen punto de partida para posteriores desarrollos. Las clasificaciones más destacadas se presentan a continuación. Muñoz (1991) establece que los valores se pueden clasificar en las siguientes categorías: valores vitales y valores culturales que dependen de la identidad. Ésta viene determinada por los valores lógicos, estéticos, éticos, metafísicos y vitales. Por su parte, Ortega (1999) construye un sistema de categorías teniendo en cuenta los bienes en los que se realizan, la actitud subjetiva con la que nos enfrentamos a ellos y el dominio entendiendo, como tal, la consideración reflexiva de cada zona de valor en el que aparecen. Para su clasificación emplea la división dicotómica utilizando tres pares de criterios: Persona u objeto, actividad o contemplación y social o asocial. Así divide los valores en bienes de futuro (verdad y moralidad); bienes presentes (belleza, felicidad) y bienes de eternidad (religiosos). En su clasificación, Méndez (2001) identifica unos valores fundamentales o absolutos y unos valores relativos. Hay valores que son 152 Los valores desde las principales teorías axiológicas, pp relativos a nuestra condición y otros absolutos a los que se les reconocen un rango, independientemente de lo que puedan llegar a producir. Lo que vale por sí mismo tiene una cierta independencia, mientras que los valores referenciales son medios para conseguir algo. Es por esto por lo que la característica más peculiar de su clasificación se encuentra en el establecimiento de una jerarquía en la que establece niveles de posición (nivel más alto, nivel más bajo). Posteriormente Muñoz (1998) va a completar la clasificación propuesta por Max Scheler y propone otra clasificación en la que también aparece reflejada la polaridad en los valores y antivalores, cuyas categorías corresponden a valores útiles, vitales, espirituales y religiosos. RELIGIOSO Santo Profano ESPIRITUALES Lógicos Estéticos Éticos Verdad Falsedad Bello Feo Justo Injusto VIRTUALES Fuerte Débil ÚTILES Agradable Desagradable Adecuado inadecuado Conveniente inconveniente Figura 1. Categorización de valores según Muñoz (1998). 153 Cristina Seijo Cuadro 1. Categorización de valores según Cortina (2000) Categorías Útiles Vitales Espirituales Religiosos Intelectuales Morales Estéticos Valores Capaz Incapaz Caro Barato Abundante Escaso Sano Enfermo Selecto Vulgar Enérgico Inerte Fuerte Débil Conocimiento Error Exacto Aproximado Evidente Probable Bueno Malo Bondadoso Malvado Justo Injusto Escrupuloso Relajado Leal Desleal Bello Feo Elegante Inelegante Gracioso Tosco Armonioso Inarmonioso Santo, Sagrado Profano Divino Demoníaco Supremo Derivado Milagroso Mecánico Por su parte, Marín (1993) propone la siguiente clasificación axiológica, en la que como los últimos autores comentados, va a incluir tanto valores como antivalores distinguiendo como principales categorías de valor, entre valores mundanos, espirituales y trascendentales. Partiendo de la perspectiva integradora, García (1998), aborda el concepto de educación integral a partir de cinco dimensiones, en tal sentido, en el cuadro 3, los valores se organizan en categorías y subcategorías como respuesta a las distintas dimensiones del ser humano (biológica, afectiva, intelectual, social e individual). Puesto que va a servir de base a la investigación, se presenta una breve descripción de estas categorías del valor: 154 Los valores desde las principales teorías axiológicas, pp Cuadro 2. Categorización de valores según Marín (1993) Categoría de Valor Subc de Valor Valores Reacción Subjetiva Valores Mundanos Económicos Caro Barato Abundante Escaso Rico Pobre Útil Inútil Capaz Incapaz Goce de P
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