Esquivel Ancona. Psicodiagnóstico Clínico Del Niño (4ta Edición)-46-62 (2)

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  30 Psicodiagnóstico clínico del niño desde el desarrollo embrionario. Los cambios a lo largo del desarrollo infantil están determinados por la integración de la maduración del sistema nervioso (factores intrínsecos) y el ambiente (factores extrínsecos).En el ámbito clínico puede ser difícil identificar cuándo una problemática in-fantil responde de manera primordial a un trastorno de la esfera madurativa (p. ej., trastornos del espectro autista o de aprendizaje), es exclusivo de la incidencia de factores ambientales (p. ej., problemas de conducta derivados de la crianza) o su etiología deriva de la interacción de ambos (trastorno por déficit de atención, depre-sión, trastorno negativista desafiante) (Martínez, 2010).La detección oportuna de las lesiones cerebrales, síndromes neuropsicológicos y alteraciones de las funciones cognoscitivas es útil para optimizar capacidades tanto en el área cognitiva como en la emocional. Por ejemplo, se pueden implementar ejercicios visomotores que más adelante ayudarán en la adquisición de la escritura y, con ello, al fortalecimiento de la autoestima del niño (Ledesma, 2015). Para ofre-cer un tratamiento acorde a las necesidades de la población infantil es fundamental realizar un psicodiagnóstico integral que incorpore variables neuropsicológicas en el análisis clínico.La evaluación neuropsicológica en el niño se puede abordar desde la propuesta de Luria sobre los sistemas funcionales simultáneos y secuenciales, los primeros se relacionan con las habilidades visoespaciales, mientras que los otros con la audición y el movimiento (Manga y Ramos, 2001). El movimiento es la primera forma de exploración en el niño, en esta área se pueden observar manifestaciones anormales, como serían algunos problemas en la marcha o posturales, así como la presencia de reflejos que debían haber desaparecido con la edad. De acuerdo con Manga y Ramos (2001), las áreas neuropsicológicas a evaluar en los niños son: ã Motricidad: destreza manual, orientación derecha-izquierda, praxias orofa-ciales, control verbal de la motricidad.ã Percepción: visual, auditiva y táctil o háptica.ã Lenguaje: capacidades receptivas y expresivas del lenguaje oral; aspectos psi-coeducativos o capacidades académicas en lectoescritura y en aritmética.ã Memoria: verbal y no verbal, a corto y largo plazo.ã Cognición general: capacidad intelectual y de atención, así como funciones ejecutivas. Además de las áreas anteriores es importante rescatar la evaluación de los signos neuro-lógicos blandos , ya que éstos revelan inmadurez cerebral relacionada con etapas del de-sarrollo. Dichos signos se componen sobre todo por la integración sensorial, coordinación motora y secuencia de actos complejos. Roselli, Matute y Ardila (2010) mencionan que se deben observar aspectos como: movimientos innecesarios, tono muscular, oposición digital, movimientos rápidos alternantes con las manos, dispraxia en la utilización del lápiz, dispraxia construccional, pérdida del equilibrio, pararse en un pie, la orientación y el problema en la diferenciación de derecha e izquierda. Es necesario llevar a cabo una evaluación detallada de los signos neurológicos blandos con el fin de prevenir a tiempo un daño funcional de mayor magnitud y, o algún trastorno psicológico o psiquiátrico (Ledesma, 2015).  31 Evaluación neuropsicológica CAPÍ  T ULO 2 El psicodiagnóstico clínico del niño requiere de una elección cuidadosa de las pruebas y, o baterías que se emplearán en función del motivo de consulta. Una apro-ximación inicial para abordar problemas asociados con el desempeño académico, el comportamiento y, o el desarrollo, consiste en la evaluación del funcionamiento perceptual a través de pruebas de fácil manejo enfocadas en un solo dominio cog-nitivo, como lo son la Prueba Gestáltica Visomotora de Bender (Bender, 1984) y el Método de Evaluación de la Percepción Visual de Frostig DTVP-2 (Hammill, Pearson y Voress, 1995).En caso de que las pruebas perceptuales resulten insuficientes para establecer un diagnóstico etiológico y diferencial y, o cuando el clínico cuenta con indicadores que concuerdan con la presencia de síntomas y síndromes que aluden a alteracio- nes en otras funciones cognitivas, será necesario recurrir a baterías neuropsicológicas que permitan obtener un perfil integral del funcionamiento cognitivo del niño. En este capítulo se describen pruebas y baterías apropiadas para la evaluación neuropsicológica. De manera puntual se abordan los fundamentos, aplicación, ca-lificación e interpretación de las pruebas de evaluación de la percepción visual y coordinación visomotora (Bender y Frostig-DTVP-2). En otro apartado se añaden los fundamentos de las pruebas neuropsicológicas, en qué casos es pertinente su uso y la descripción de dos baterías elaboradas por equipos de investigación de México, ambas cuentan con normas para la población infantil mexicana (BANETA) y latinoamericana (ENI-2). La Batería Neuropsicoló-gica de los Trastornos de Aprendizaje (BANETA) (Yañez y Prieto, 2014) se enfoca en valorar los problemas de aprendizaje, mientras que la Evaluación Neuropsico-lógica Infantil (ENI-2) (Matute, Roselli et al.,  2013) brinda un perfil del funciona-miento cognitivo desde la etapa preescolar hasta la adolescencia mediante la evalua-ción de procesos neuropsicológicos. Como un aspecto fundamental para el psicodiagnóstico, a continuación se descri- ben los conceptos generales para la evaluación del funcionamiento cognitivo desde el enfoque de la neuropsicología.   CONCEPTOS GENERALES EN LA EVALUACIÓN NEUROPSICOLÓGICA Dentro de la corriente psicológica que vincula el desarrollo de la cognición con el desarrollo cerebral, el término cognitivo   hace referencia al uso y manejo del conoci-miento. En este sentido, los procesos cognitivos incluyen un conjunto de funciones mentales como atención, memoria, aprendizaje, percepción, lenguaje y solución de problemas. Cada función continúa una secuencia propia del desarrollo en correla-ción con la maduración del sistema nervioso central (Roselli y Matute, 2010). Desarrollo neuropsicológico El desarrollo neuropsicológico está mediado por el desarrollo del sistema nervioso y de las funciones cognitivas. Ambos aspectos dependen de la diferenciación y es-  32 Psicodiagnóstico clínico del niño pecialización del tejido nervioso. Sin embargo, el desarrollo del sistema nervioso es una condición necesaria, pero no suficiente para el adecuado funcionamiento cognitivo; proceso en el que intervienen múltiples factores relacionados con la ma-duración y el aprendizaje (Martínez, 2010).El desarrollo neurospsicológico es, entonces, resultado de la interacción entre el ambiente y los eventos programados por la genética (Roselli y Matute, 2010). Maduración En neuropsicología el término maduración se circunscribe a aquellos aspectos del desarrollo que dependen de la acción de los genes. Éstos contienen la información necesaria para que las funciones puedan adquirirse y expresarse (Martínez, 2010). En este sentido, la maduración   implica cambios en la conducta propiciados por el desarrollo físico o fisiológico del organismo sin la mediación de la experiencia o la influencia de eventos ambientales particulares (Domjan, 2010). La maduración implica el desarrollo de pautas de conducta innatas que van en una secuencia ordenada, ya que los cambios que operan en el sistema nervioso per-miten que evolucionen nuevas funciones, de esta forma se establecen las conductas madurativas correspondientes a cada edad. Lo anterior se observa con claridad en actividades como el control de esfínteres, la consolidación de la marcha, la adquisi-ción del lenguaje y la lectoescritura. En cada nivel de maduración se manifiestan nuevas funciones, ejercicios o expe-riencias que pueden srcinar grandes cambios si hay una estimulación adecuada. Por ejemplo, de acuerdo con Piaget (1969), para que el niño aprenda a hablar es nece-sario que haya alcanzado un determinado estadio de madurez orgánica e intelectual y que el medio le proporcione suficientes oportunidades y experiencias.El ambiente juega un papel de suma importancia en la maduración del niño, tanto así que es posible considerar inseparables al organismo y al medio. Este último contribuye a que se desarrollen determinadas capacidades de manera óptima, siem-pre y cuando el niño reciba la estimulación adecuada en el momento en que las condiciones biológicas de la función llegan a su maduración. Madurez Una vez que el niño ha alcanzado las capacidades necesarias para desempeñar una actividad específica, se dice que tiene la suficiente madurez  para realizarla de ma-nera adecuada. El término madurez se refiere a la aptitud que ha alcanzado una función para responder a una determinada experiencia. Dicha madurez está mediada por me-canismos que intervienen de manera favorable o desfavorable en el desarrollo morfofisiológico y cognitivo del niño, y que dependen tanto de variables biológicas como sociales (Pulido, Barreto et al  ., 2015).
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