1 02 Pensando en Una Psicologia Marxista m Calvino (1)

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PSICOLOGIA MARXISTA, MANUEL CALVINO
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  Alternativas cubanas en Psicología / vol. 1., no. 1. 8 PENSANDO EN UNA PSICOLOGÍA MARXISTA. CONTRIBUCIONES PARA EL RECONOCIMIENTO Y LA CONSTRUCCIÓN Manuel Calviño Facultad de Psicología, Universidad de La Habana.  Resumen  Alrededor de los años 70 en el discurso académico de la psicología en Cuba se desarrolló vertiginosamente la utilización del concepto psicología marxista. Con esta noción, se expresaba sobre todo la afiliación ideológica de los profesionales y el empeño de pensar y hacer la psicología desde un paradigma distinto de los que venían de los Estados Unidos. La versión legitimada y adoptada en muy poco tiempo, aunque no sin críticas y con la lógica reacción de resistencia de algunos, fue la psicología soviética. Pero esta luego de alcanzar un alto nivel de desarrollo, se extinguió. ¿Psicología marxista o marxismo y psicología? ¿Una escuela, un paradigma, o un modo de posicionarse en la profesión? Palabras claves : psicología, marxismo, psicología soviética  Abstract  Around the seventies in the academic discourse of psychology in Cuba was developed dizzily the concept “  Marx  ist Psychology”  . With this notion, was expressing especially the ideological affiliation of psychologists, and the commitment to think and do psychology from a different paradigm of those who came to the United States. The version legitimized and adopted in a very short time, though not without critiques and with the logical reaction of resistance, was the Soviet Psychology. But, after reaching a high level of development, Soviet Psychology became extinct. Marxist psychology or Marxism and psychology? A school, a paradigm, or a way of being positioned in the profession? Key words: psychology, Marxism, Soviet Psychology. ¿Quién podrá, en la pasión de un culto legítimo omitir los desaciertos en los que necesariamente toda labor…  puede incurrir? E USEBIO L EAL   Quién dice que todo está perdido. Yo vengo a ofrecer mi corazón. F ITO P  ÁEZ    Alrededor de los años 70 en el discurso académico de la psicología en nuestro país se desarrolló vertiginosamente la utilización del concepto psicología marxista. Era un hecho novedoso para la psicología en Cuba. Con él se expresaba sobre todo la afiliación ideo política de nuestros profesionales y el empeño de pensar y hacer la psicología desde un paradigma distinto de los que conocíamos. La versión legitimada y adoptada en muy poco tiempo, aunque no sin críticas y con la lógica reacción de resistencia de algunos, fue la psicología soviética. Los soviéticos desde hacía mucho tiempo venían hablando de la psicología marxista, incluso agregándole la consideración de leninista. En realidad, el concepto de psicología marxista había disparado algunas polémicas. ¿Por qué hablar de una psicología marxista si no se habla de una química, o una matemática, o una física marxistas?, ¿qué diferencia existe entre una psicología marxista y el resto de la psicología?, ¿es que acaso el objeto de una ciencia se modifica por efecto de la filiación política de sus adeptos? Algunas de las discusiones suscitadas eran comprensibles y esenciales. Otras más bien superficiales, o de segundo orden. Entre estas últimas aparecía “la polémica de la denominación”: ¿es correcto decir psicología marxista o deberíamos decir psicología de base marxista, o fundamentada en el marxismo, o de espíritu materialista dialéctico? Absurda discusión que en algunos  Alternativas cubanas en Psicología / vol. 1., no. 1. 9 casos llevó a muchos “criticopedas sagaces” a decir que era una debilidad evidente en la supuesta unidad del enfoque marxista. Lo cierto es que en nuestras aulas, en nuestros programas de estudio, se hablaba enfáticamente de la psicología marxista, aunque algunos no podían precisar con claridad qué quería decir esto y otros se contentaban con señalar los trabajos de los soviéticos. A nivel académico muchas veces se traslucía una cierta impresión de que la psicología marxista era aquella que partía de considerar el carácter reflejo de lo psíquico, su determinación sociohistórica, una psicología que consideraba al hombre como movido por acciones volitivas conscientes y voluntarias, y que, lógicamente, respondía a los intereses de las clases desposeídas, siendo por tanto la única psicología científica. El lado más sensible de la polémica estaba en el hecho de que muchos psicólogos esencialmente latinoamericanos, mujeres y hombres con una larga historia de lucha política a favor de la justicia social, de la liberación, a favor de los ideales emancipadores del marxismo, se preguntaban si era que acaso ellos quedaban fuera del marxismo, si es que no eran considerados como defensores de las ideas del marxismo incluso para la psicología. Estos psicólogos abrazaban modelos teóricos que eran criticados por la psicología marxista como modelos típicos del pensamiento burgués. El caso más notorio era el de los psicoanalistas argentinos  – hablo, por supuesto, de aquellos psicoanalistas del psicoanálisis no domesticado, del psicoanálisis creativo que mira a otras fronteras, el psicoanálisis de la clínica social, del psicoanálisis de plataforma, el psicoanálisis implicado como le llama Grande (1996). Fue en este período que la tarea de la comprensión del significado de psicología marxista se hizo más urgente y necesaria. I. Psicología y marxismo  Muchos nombres aparecen en la evocación de un primer recuerdo espontáneo del camino de acercamiento entre la psicología y el marxismo: Politzer, Wallon, Zazzo, Seve, la Escuela de Frankfurt, Althusser. Las diferentes escuelas (ex)soviéticas  – Vygotsky, Leóntiev, Rubinstein. Por supuesto que Reich. En nuestra región, Bleger, Pichón, Merani, Bauleo, González Martín, y muchos otros. Siguiendo tradiciones distintas y también diferentes represen- taciones acerca del significado del marxismo se construyeron distintos modos de articular nuestra disciplina   – construcción en sí misma plural y contradictoria en la que se suman decenas de escuelas, corrientes y modos de pensar y hacer   – , con la palabra escrita, interpretada y repensada fundamentalmente de Marx y Engels, aunque también en algunos casos con la obra de Lenin, V.I. Entre esas diversas formas en que los psicólogos pensaban y realizaban la posible relación de nuestra ciencia con el marxismo podemos encontrar enfoques serios, pero también verdaderos panfletos casi burlescos. Podemos señalar algunas de ellas, más con el ánimo de contar que de establecer algún tipo de taxonomía. 1. En algún momento, resultaba más o menos común encontrar a algunos que decían fundamentarse en el “marxismo”, pero considerando que este no era suficiente para dar respuestas a los problemas esenciales del espíritu humano por su falta de comprensión de la espiritualidad. El marxismo resultaba insuficiente para sus grandes elucubraciones mitológicas y buscaban apoyo en teorías tan disímiles como el budismo zen, el yoga y cierta representaciones fisiculturistas que recuerdan al entrenamiento aeróbico cooperiano. Dentro de este conglomerado por lo general encontrábamos ese tipo de persona que se deleita en ponerse “etiquetas” que le den un rostro de hombre contemporáneo y de profundo compromiso social. La totalidad de estos, luego de la caída del muro de Berlín, se quitaron el traje rojo o lo llenaron de lentejuelas neoliberales y posmodernas. 2. No son pocos los que se fundamentaron en un marxismo cercenado en algunos componentes esenciales. Se conformaron paradigmas teóricos sustentados en la abstracción de una filosofía marxista desligada de su significado como teoría no solo revolucionaria, sino para la revolución. Un marxismo sin el consecuente compromiso político y sin la consideración de la lucha de clases. Ante tales alter- nativas se tenía la  Alternativas cubanas en Psicología / vol. 1., no. 1. 10 impresión de que el vínculo con el marxismo era una suerte de afiliación fonética, algo así como un fetichismo verbal en el que se supone latentemente que hablar de trabajo enajenado, plusvalía, etc. son razones suficientes para ser marxista. Otras veces encontrábamos lecturas tan personales que el propio Marx tendría que reestudiarse a sí mismo. En realidad, en esta variante quedaba de Marx apenas un recuerdo lejano. 3. No faltaron los que partidarios de alguno de los grandes paradigmas de la psicología, encontraron en estos ciertas insuficiencias que podían ser “complementadas” o superadas con la incorporación de algunos elementos de la teoría marxista. De paso dichos paradigmas se dan como portadores de algunos elementos que complementarían al marxismo allí donde este, supuestamente, resulta “insuficiente”. Vimos aparecer el conductismo marxista, la fenomenología materialista dialéctica, y lo que considero la variante más seria, el freudomarxismo y otros tipos de vínculos entre el psicoanálisis y el marxismo. 4. Consideremos también a los que establecían una identificación del marxismo con la psicología marxista. Así como se suponía que la existencia del materialismo histórico hacía innecesaria una sociología, se argumentaba que el materialismo dialéctico era la psicología del marxismo. De todo esto se desprendía una pérdida de identidad y especificidad entre dos cosas que son de por sí diferentes. Del mismo modo en que en su época Comte sociologizaba  lo psicológico, al tiempo que Durkheim  psicologizaba  lo sociológico, aquí el marxismo queda  psicologizado   y la supuesta “psicología marxista” quedaba en el terreno sobre todo de una filosofía. 5. Con mucha frecuencia la fundamentación en el marxismo se limitó a la ejercitación de una crítica a las escuelas, corrientes o tendencias del pensamiento psicológico. Crítica útil y necesaria pero que al no traducirse en un modelo alternativo o una guía constructiva para la práctica profesional de la psicología. 6. Algunos han establecido el vínculo de su identidad como psicólogos y como hombres comprometidos con la justicia social, la lucha emancipadora y el pensamiento, el ideario liberador del marxismo, por la vía de sus compromisos y sus prácticas políticas. Han sido psicólogos con una práctica política marxista que han tratado de hacer consecuentes sus convicciones políticas con sus convicciones psicológicas. Todas estas variantes, y sin duda algunas otras a las que no he hecho referencia, representaron acciones aisladas en el complejo escenario de la ciencia psicológica. En muchos casos, sus defensores fueron tratados como “sectores disidentes” de sus paradigmas de srcen, por lo que resultaron poco difundidos y sistematizados. Los enfoques marxistas, los más y los menos, en su gran mayoría no han tenido mucho acceso a los espacios académicos, a las universidades, a los grandes centros de formación. En gran medida, dentro de las ciencias sociales y humanas, incluyendo lógicamente la psicología, ser marxista ha sido ser un luchador por lo general solitario o con un peque ño grupo de “guerrilleros”.  Quizás uno de los problemas más candentes de la época, era el hecho que los autores marxistas de los países socialistas, europeos en lo fundamental y en particular los soviéticos, tuvieron una actitud total e indiscriminadamente crítica destructiva con todas las formas o búsquedas de unidad del marxismo y la psicología que se produjera fuera del espacio físico y simbólico delimitado por el socialismo como sistema, la adherencia partidista al pensamiento comunista y fuera de los marcos de la naciente psicología soviética. Toda versión que no cumpliera con estos parámetros era tildada de revisionista, dañina y en última instancia tergiversadora del espíritu y la letra de Marx, Engels y Lenin. Con esto, por una parte, se producía una suerte de monopolización y oficialización del pensamiento marxista básicamente en los autores soviéticos y los que se adherían a su modelo comprensivo del marxismo, y por otra se cerraban las puertas a la diversidad, que como sabemos trae consigo sus inevitables errores posibles, pero también todos sus probables aciertos creativos. Sobre esto me detendré más adelante. La posibilidad de construcción de una psicología marxista requiere, junto a la libertad  Alternativas cubanas en Psicología / vol. 1., no. 1. 11 del pensamiento y la polémica abierta sin encasillamientos preconcebidos y prejuiciales, clarificar un conjunto de elementos de partida esenciales para que el empeño avance por el fértil terreno de la creatividad. Para el marxismo este espacio de creatividad y construcción es la dialéctica. Es desde una visión dialéctica que se hace posible derivar los principios rea- les de conformación de una psicología marxista. Intentaré señalar algunos que a mi juicio son de gran importancia. 1. Psicología y marxismo no pertenecen a un mismo campo epistémico, no son referentes de la misma naturaleza, y por tanto sus relaciones (intercambios, complementaciones, interinfluencias, etc.) no deben entenderse como lineales y unívocas. El marxismo no puede dar a la psicología ni su definición de objeto, ni su metodología y aparato conceptual específicos, ni los problemas concretos que ha de resolver. El marxismo, como cualquier otro paradigma filosófico de partida, tiene una prioridad instituyente sobre las prácticas científicas y profesionales específicas, solo que la resultante es siempre una construcción específica dada por los límites (los problemas, las nociones, las peculiaridades del objeto, etc.) de la ciencia en cuestión. Esto quiere decir, que si bien el marxismo impacta definitivamente un modo de hacer y pensar la psicología, este modo responde no solo a las peculiaridades del marxismo, sino también del paradigma específico de dicha ciencia. 2. Las relaciones, entonces, entre marxismo y psicología pueden ser variadas y no necesariamente terminar o limitarse a la construcción de una psicología marxista. Sus relaciones pueden ser más o menos abarcadoras, pero no por esto menos lícitas. La legitimidad del carácter marxista de una cierta relación entre las prácticas profesionales de la psicología y sus construcciones teoréticas paradigmáticas está dada por lo que pudiéramos llamar la consideración de sus instituyentes fundamentales. Todo lo que signifique un acuerdo entre las derivaciones del pensamiento marxista y la actuación del psicólogo, entre el encuadre cosmovisivo y filosófico del marxismo y ciertas representaciones teóricas, sin duda alguna no son necesariamente psicología marxista, pero no por esto dejan de ser aproximaciones marxistas a la psicología y a su práctica profesional. 3. El ser consecuente absoluto con el marxismo no es una propiedad inequívoca de una opción política. La política es una práctica que se deriva de una interpretación de la realidad desde un cierto paradigma ideocosmovisivo, filosófico, etc. Solo que como práctica al fin, ella es contextual y por ende supone una relación dinámica, flexible y móvil con respecto a su paradigma de srcen. La peculiaridad, ventaja a mi juicio, del marxismo probablemente reside en que, consecuente con el principio dialéctico de su construcción, dicho dinamismo y flexibilidad es conditio sine qua non del propio paradigma y por tanto de suyo es un paradigma que se nutre de los contextos reales donde se realizan las prácticas de él derivadas. En su contradicción y contextualización está también su crecimiento y desarrollo. Siendo consistentes con tal punto de vista y con el hecho indiscutible de que el marxismo es una construcción continua, plural, dialéctica, entonces la psicología marxista es un espacio plural que abarca modelos teóricos distintos. Digamos que podríamos hablar de psicologías marxistas, entiéndase, de modelos distintos de desarrollo marxista en psicología. Todos tendrán un núcleo común, pero se diferencian entre sí. 4. La modificación esencial que a nuestro juicio el marxismo supone como “teoría pecaminosa” (hermosamente pecaminosa) es que el asume como parámetro constituyente la intencionalidad de las prácticas de él derivadas y sus compromisos ineludibles con un modo de ser y estar en el mundo, con una ética de lo humano, y sobre todo con la construcción de una vida más plena y justa de los seres humanos. Cuando en su conocidas tesis de Feuerbach, Marx hablaba de la necesidad no solo de comprender el mundo sino sobre todo de transformarlo, no se refería solo a hacer que fuera distinto, sino que fuera de algún otro modo específico ya no en su fenomenología sino en sus atributos esenciales. La intencionalidad es la unidad de la teoría y la práctica, es en ella donde se expresa la esencia no solo revolucionadora, sino sobre todo revolucionaria del marxismo. De este modo una comprensión de la relación entre
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